










Disculparán si mi pronunciación del inglés no es tan buena. No suelo practicarlo mucho y, siendo sincera, no me interesa en absoluto construirme como una ciudadana del mundo hiper-globalizado, ni como una intelectual, ni como una gran bilingüe o políglota.
Estoy aquí como feminista, feminista lesbiana. Detrás de eso, o al lado, vienen otros adjetivos que me identifican, pero no vienen al caso por ahora.
PRIMERO
Charles Bell, un anatomista, cirujano, fisiólogo y teólogo natural escocés, publicó en 1806 un libro al que dio por título “Essays on the anatomy of expression in painting”. Estos son algunos apartados:
Las cavidades en los huesos maxilares y frontales están conectadas con las cavidades de la nariz y, aparentemente, tienen un efecto importante en el tono de voz. Ellas, las cavidades, son más pequeñas en las mujeres y en los niños.
(en voz aguda) Por eso las mujeres hablamos así y somos históricamente infantilizadas
El sistema vascular: de las venas el pintor debe resaltar que, en las personas jóvenes, ellas, las venas, no aparecen de forma prominente, así como tampoco son prominentes en las mujeres. En ninguna ocasión las venas de las mujeres deben ser delineadas o resaltadas, salvo con colores suaves y delicados como el blanco o el azul.
Y por eso las mujeres tenemos cuerpos delicadamente fantasmagóricos. Sangre en las venas ¿qué es eso?
Las mujeres, como los niños, tienen la piel delicada y lisa
Infantilízame más
pero las extremidades redondeadas, pulidas y piramidales
Y ojo con tener pelos, granos, pecas, lunares o cualquier otra forma que no sea redonda, pulida y piramidal
La violencia en la gesticulación es indelicada, sino antinatural, en las mujeres, y las distrae de su belleza.
El cuello y el torso fuerte, característico en los bailarines de ópera, es belleza en los hombres jóvenes y deformidad en las mujeres.
Si se percibe que los movimientos son realizados con violencia y acción muscular, se destruye la belleza natural y peculiar simetría del cuerpo femenino.
En las mujeres, la línea que prevalece es suave y ondulante, y en la figura completa, las partes, las actitudes, las expresiones, no hay nada irregular, duro o abrupto.
Me encanta. Somos plumas que descienden apaciblemente por el cielo azul de una mañana de invierno escocés.
Pura mierda, no conozco el invierno escocés.
Qué fascinante, en comparación con la belleza insípida y las características regulares de una hermosura inanimada, es esa susceptibilidad que aligera el semblante y juega con las características de una mujer sensible, incluso mientras no se mueve.
No entiendo nada ¿Soy una silla sensible? ¿Una mesa sensible? ¿Un zapato sensible?
SEGUNDO
En 1830 Carlo Blasis, maestro de ballet, coreógrafo y bailarín italiano, publicó el Código de Terpsíchore “The art of dancing (dos puntos) comprising its theory and practice (coma) and a history of its rise and progress (coma) from the earliest times (dos puntos) intended as well for the instruction of amateurs as the use of professional persons (punto final)”. A continuación, algunas de las afirmaciones allí plasmadas:
Bailar es extremadamente útil para las mujeres, quienes por su delicada constitución requieren ser fortalecidas por medio del ejercicio regular; debe aliviar en ellas la insalubre inacción a la que están usualmente condenadas.
Gracias Blasis por pensar en mi delicada constitución y en mi condena inmóvil. Dios te bendiga en esta mañana de marzo.
El mismo Blasis refiriéndose a la pantomima:
En la antigüedad, el nombre de “mimo” fue originalmente dado a aquellos diálogos que hacían referencia a los hábitos y la moral de la sociedad. Estos diálogos eran dados por hombres y, cuando era necesario, por mujeres.
Osea, nunca ¿esas zorras qué tienen por decir respecto a la moral?
Con el tiempo el nombre “mimo” fue dado a aquellos performers que imitaban, con sus gestos, aquello que era dicho en las comedias y tragedias. Las mujeres solo eran consideradas y representadas como concubinas y prostitutas.
¡Pff! Obvio, si eso son
Las mujeres no podían actuar ni en tragedias ni en comedias
¡QUE NO PORQUE SON CONCUBINAS Y PROSTITUTAS! ¡OBVIAMENTE NO PUEDEN ACTUAR!
Bueno, después pudieron actuar y hubo una, Valeria Cloppia, que compuso pantomimas. Claro, eso no les quita lo concubinas y putas.
Refiriéndose a “Zara”, ballet romántico en dos actos:
Ella expresaba todo el sentimiento apasionado de una mujer que se sacrifica a sí misma por la felicidad de su amado.
La bregadera.
Después describe varios ballets en los que la mujer quiere, pero no sabe y, al darse cuenta de esta imposibilidad casi existencial para tomar postura y asumir la vida, el hombre empieza el galanteo, saca su arsenal y se dispone a conquistar.
Obvio es una batalla; la guerra del amor idealizado.
TERCERO
Donald Walker, señor del que no he encontrado mucha información, publicó en 1836 un manual para mujeres. Lo tituló “Exercises for ladies; calculated to preserve and improve beauty, and to prevent and correct personal defects, inseparable from constrained or careless habits”
Lo que preocupa al señor Walker en este manual, y a los papitos y mamitas a quienes está dirigido, es que las muchachas se estén deformando y eso esté influyendo, de una u otra forma, en la deformación simultánea de su carácter y su moral. Es decir, además de feas, las muchachitas se están volviendo malas mujeres.
Eso es inconcebible ¡INCONCEBIBLE, PAPITOS Y MAMITAS!
Esto lo relaciono con la investigación que hace Zandra Pedraza, la seño antropóloga colombiana, en “En cuerpo y alma” de 1996. Allí, luego de retomar varios manuales de conducta y urbanidad, entre otras fuentes, la antropóloga plantea que la modernidad pasa por los cuerpos de las personas, particularmente de mujeres y niños, a partir de políticas de comportamiento, salud y educación que permiten la construcción del individuo moderno y, por lo tanto, la construcción de esta misma.
Claro, como lo desarrolla Carole Pateman en 1995, la modernidad no es el fin de los patriarcados antiguos, como lo suelen plantear la mayoría de los filósofos modernos en sus consideraciones sobre los Estados liberales y el legado de “libertad, igualdad, fraternidad”, sino la renovación de este y, en esa medida, estos manuales de conducta fundantes de la modernidad y sus cuerpos son fundantes también del patriarcado moderno.
¿O es coincidencia que estén especialmente dirigidos a mujeres y niñas?
¿O es coincidencia que fundamenten y reproduzcan imaginarios que justifican y facilitan la subordinación, en todos los sentidos, de las mujeres?
¿O es coincidencia que ni siquiera estén hechos por mujeres?
¿Lo es?
¿Lo es?
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Como lo dije al principio, estoy aquí como feminista, feminista lesbiana, y la lectura de estos textos la he hecho desde este lugar. Mi interés principal es hacer un rastreo de la existencia lesbiana en la historia de la danza y para esto retomo una de las propuestas teóricas de Adrienne Rich, feminista lesbiana radical estadounidense de los años 70. La seño Adrienne hace todo un análisis de la heterosexualidad obligatoria como una de tantas instituciones (junto a la familia, la maternidad, la religión, etc.) que han controlado históricamente a las mujeres, y propone la existencia lesbiana y el continuo lesbiano como lugares históricos -invisibilizados- de resistencia y rebelión de las mujeres.
Los anteriores textos, sus fragmentos, hacen parte del eje argumentativo “heterosexualidad obligatoria” y evidencian cómo, también desde la danza, en alianza con los estudios anatómicos y los manuales con pretensiones educativas, los cuerpos de las mujeres y sus formas de sentir y actuar han sido categorizados por los hombres, para después ser corregidos, transformados, dominados bajo sus propias lógicas e intereses.
En contraposición a esto, el segundo eje argumentativo “existencia lesbiana y continuo lesbiano”, hace un recorrido por la vida y obra de Isadora Duncan para revelar en ella formas de rebelión que no nos han sido contadas o que han sido minimizadas, banalizadas y dejadas a un lado. Espero más adelante revelar rebeliones lesbianas en la vida y trabajo de otras bailarinas e, incluso, en figuras narrativas usadas en la danza como las willis de Giselle y su reina Myrtha.
Antes de continuar con Isador Duncan, quiero aclarar que para la seño Adrienne Rich, la feminista lesbiana radical, la existencia lesbiana y su continuo hace referencia a la identificación profunda con otras mujeres y no tiene nada que ver con la imagen pornográfica, reducida y patriarcal de lo que nos han dicho que es el lesbianismo y la pasión erótica y amorosa entre mujeres. Dicha identificación puede ser sexual, intelectual, espiritual, creativa, profesional, etc., y también se delata o hace visible en las formas de vida que se salen de lo convencional establecido para las mujeres y que ha implicado para ellas, para nosotras, señalamientos, dolores, libertades y alegrías.
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Isadora Duncan, quien nació el 27 de mayo de 1877 en San Francisco, Estados Unidos, es reconocida en el mundo de la danza por ser la principal impulsora de la danza moderna. Según lo que dicen de ella y lo que ella misma dice de sí en su autobiografía de 1927, sintió afinidad hacia la danza desde pequeña y, con los años, esa afinidad se convirtió en pasión pura y dura.
Alrededor de su vida pude encontrar varias evidencias que denominaré evidencias lesbianas, teniendo en cuenta la ya mencionada propuesta feminista radical de Adrienne Rich. El rastreo de estas evidencias lo hago tomando como referente teórico, metodológico y político la recuperación de la genealogía de las mujeres que ha sido una de las bases fundamentales del feminismo y, particularmente, del feminismo radical y sus corrientes lésbicas. Siguiendo a la Rich, la piedra angular de nuestra impotencia ha sido la ignorancia de nuestra existencia, y reconocer a las otras, a las nombradas, a las malnombradas y a las innombradas, atisbar sus susurros y pasos (como los denomina Andra Franulic, feminista radical de la diferencia, chilena) hace parte del desligarnos de la historia de hombres y para hombres que nos ha sido contada; LA historia masculinista y misógina.
Así las cosas, las siguientes son las evidencias lesbianas de Isadora Duncan, su vida y obra:
Primera evidencia lesbiana: ser artista, dedicarse a la danza.
Aunque desde los ojos de hoy esto puede parecer un absurdo, la realidad es que dedicarse al arte nunca ha sido una tarea sencilla, ni siquiera en la actualidad, y si hablamos de las posibilidades que a lo largo de la historia han tenido las mujeres para ser artistas, el campo se reduce mucho más. Han existido muchas mujeres creadoras, eso no se puede negar, pero sus vidas y obras han sido mayoritariamente silenciadas, subvaloradas y continuamente robadas por hombres cercanos a ellas.
Además de esto, aunque han existido mujeres con la capacidad y posibilidad material de construir sus vidas como artistas, también es real que el mandato social-patriarcal que se ha impuesto a las mujeres ha sido el de la maternidad, el sostenimiento y cuidado de la familia y el silencio abnegado. Crear no es de mujeres, al menos que esa creación sea un humano nuevo.
Así las cosas, la primera evidencia lesbiana de Isadora Duncan es la construcción de su vida por fuera de los márgenes establecidos para las mujeres, particularmente para las mujeres de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Es importante tener en cuenta acá, además, que dicha posibilidad para construir vida de artista y vivir de la danza, es de cierta manera un legado que Isadora recibe de su madre, una mujer que efectivamente estuvo ligada a los mandatos de maternidad y precarización de esta, pero que construyó su vida alrededor de la música y la danza, ampliando el campo de posibilidades de Isadora desde su infancia.
Desde la propuesta de la Rich del continuo lesbiano, construir una vida por fuera de los establecido ya es evidencia de resistencia lesbiana, y también lo es el reconocer el legado de las mujeres de las cuales venimos: madres, abuelas, tías, hermanas, amadas, etc. Esto hace parte de la construcción feminista de la propia genealogía. En este sentido, el haber construido vida alrededor de la danza es una evidencia lesbiana, no solo por lo que mencioné anteriormente (la capacidad y posibilidad de salirse de los márgenes de los establecido) sino, además, porque en el caso de Isadora Duncan es un legado referente directo del continuo lesbiano primario: la relación primordial con la madre.
Segunda evidencia lesbiana: declararse atea
Respecto a esto no hay muchísimo que decir. Como lo plantean varias biografías de Isadora, con el divorcio de sus padres, que habían llegado a Estados Unidos provenientes de Irlanda, y teniendo en cuenta que fue la madre de ella la que asumió toda la carga de la familia, desde su infancia Isadora y su familia conocieron en cuerpo propio lo que es la pobreza, y debido a esto se alejaron de la fe católica que anteriormente habían profesado.
¿Qué tiene esto de lesbiano? Pues para nadie es un secreto que todas las corrientes judías y cristianas son fundamentalmente patriarcales, y tampoco es un secreto que en nombre del Dios-Padre cristiano se han cometido crueldades importantes particularmente en los cuerpos, las vidas y las historias de las mujeres. Así las cosas, aunque a primera vista parezca una actitud de adolescente rebelde, la realidad es que negarnos como mujeres a continuar en nuestras vidas el legado de una religión masculinista y misógina es una forma más de retar lo establecido y una forma más de alesbianamiento: resistencia feminista.
Isadora Duncan no solo construyó su vida alrededor de la danza, saliéndose de los mandatos femeninos de la época, sino que además construyó su vida por fuera de los mandatos espirituales-religiosos establecidos por los hombres. Reconocer esto en una “mujer famosa” de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, es recuperar para el día de hoy la posibilidad de otras formas de creer y construir espiritualidad.
Tercera evidencia lesbiana: haber mantenido relaciones con mujeres
Esto es algo que Isadora Duncan no menciona en su autobiografía y que la mayoría de sus biógrafos niegan, pero, como dice mi mamá, “del dicho al hecho hay mucho trecho”, y el que las experiencias eróticas lesbianas de Isadora no sean verdad es algo que aún está por confirmarse. Cumpliendo con mi búsqueda de lesbiandades varias yo prefiero darle valor a los rumores que afirman que, efectivamente, Isadora Duncan mantuvo durante algún tiempo relaciones afectivas con mujeres como Mercedes de Acosta y Natalie Barney.
Como dice mi mamá, “cuando el río suena es porque piedras lleva”. De la primera, de Acosta, poeta y escritora de teatro estadounidense, se puede decir que fue una lesbiana declarada, reconocida y a veces odiada por eso, y que dejó en su autobiografía buenos insumos para no poner en cuestión su lesbianismo. De Acosta se movía en los círculos artísticos e intelectuales de la época, así que pensar en un encuentro entre ella e Isadora no es una idea descabellada.
De Natalie Barney, escritora, poeta y novelista estadounidense, se sabe que también fue abiertamente lesbiana, publicó poemas de amor lésbicos bajo su propio nombre a principios del siglo XX para evitarse de una vez y para siempre el ser acechada por hombres heterosexuales y, además, como anfitriona del Salón de Barney (espacio literario en el que se realizaron encuentro durante sesenta años) acogió y patrocinó a muchas mujeres que querían hacer parte del mundo literario. Con este perfil tampoco es absurdo pensar en un acercamiento entre ella e Isadora.
Tal vez nunca se logren confirmar del todo estas relaciones, pero, como lo dije antes, entre tanto ruido del caudal, yo, feminista lesbiana en la labor de escudriñar la genealogía de mujeres, prefiero fijarme bien en las piedras antes de hacerme la de los oídos sordos. Como lo afirma la Adrienne Rich, en un mundo misógino y lesbofóbico como este, no es extraño que nosotras mismas carguemos con patriarcas internos que, entre otras cosas, nos impiden reconocer y darle valor a las relaciones de cualquier tipo que mantenemos con otras mujeres. En este sentido, Isadora Duncan silenciando y negando sus relaciones con mujeres no constituye ninguna sorpresa y, por el contrario, solo reafirma la importancia del atisbar los susurros y pasos de las nombradas, las malnombradas y las innombradas.
If people ask me when I began to dance I reply, "In my mother's womb, probably as a result of the oysters and champagne—the food of Aphrodite."
Isadora Dunca, My Life (1927)
REFERENCIAS
Bell, Charles (1806) Essays on the anatomy of expression in painting
Blasis, Carlo (1830) Código de Terpsíchore. The art of dancing: comprising its theory and practice, and a history of its rise and progress, from the earliest times: intended as well for the instruction of amateurs as the use of professional persons.
de Acosta, Mercedes (1960) Here lies the heart. A tale of my life. Arno Press. Recuperado en https://archive.org/details/in.ernet.dli.2015.150414/page/n9/mode/2up
Duncan, Isadora (1927) My life.
Franulic, Andrea (2001) Ensayos para una historia. Segunda escuela de primavera. Movimiento de Mujeres Feministas Autónomas (MOMUFA). Recuperado https://andreafranulic.cl/historia-de-las-mujeres/ensayos-para-una-historia/
Pateman, C. (1995). El contrato sexual. México: Anthropos.
Pedraza, Zandra (1996) En cuerpo y alma. Visiones del progreso y de la felicidad. Universidad de los Andes. Colombia.
Rich, Adrienne (1980) Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence. Signs: Journal of Women in Culture and Society. New York.
Walker, Donald (1836) Exercises for ladies; calculated to preserve and improve beauty, and to prevent and correct personal defects, inseparable from constrained or careless habits



