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Para empezar, de nuestra naturaleza diversa voy a hablar, pues, de todo lo que cuchichean, la peor parte es la de asumir que en nosotras todo es igual.
Velos blancos, caras pálidas, miradas perdidas y cristalizadas. Si yo subo una mano, las demás lo hacen igual. Si volteo de lado a lado, la otras solo saben imitar.

No, nada de esto es verdad. Lo que primero nos caracteriza, a pesar de lo que digan los demás, es que nuestros lazos están construidos bajo la diferencia más radical.
Ni el color de nuestra piel es igual, ni la textura de nuestros cabellos es similar. Bailamos, bailamos, para la vida activar, pero incluso esa danza es disímil, dispar.
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